Durante la charla, compartió su historia de vida, su experiencia en la producción lanera, el trabajo con marcas internacionales como Gucci y la importancia de la sustentabilidad en la industria textil.
Los primeros años en La Soledad
La relación de Gabriela con el campo, que ella misma ha comparado con un matrimonio, comenzó cuando era chica, en el campo de un familiar. Aunque nació y pasó su juventud en Montevideo, siempre sintió una "pasión inexplicable por el medio rural", como ella misma la define.
Fue así como decidió estudiar Ingeniería Agronómica junto a su novio de ocho años. Al terminar la carrera, ambos se casaron y recibieron la propuesta de un tío de Gabriela para trabajar en La Soledad, la estancia familiar de ella, ubicada en San Gregorio de Polanco, Tacuarembó. Así fue como se mudaron al campo para comenzar esta nueva etapa.
Durante un tiempo, su marido, Alejandro Maranges, estuvo al frente de la estancia, mientras Gabriela se dedicó a las tareas del hogar y a distintas actividades sociales de forma honoraria. Dictó clases de pintura y catequesis, además de colaborar con varias comisiones como el de la cultura.
Mientras tanto, sus dos hijos iban a la escuela del pueblo y disfrutaban de la vida en el campo. Para Gabriela, esa etapa era perfecta.
Yo estaba tan feliz de formar a mis hijos con papá y mamá todo el día en los trabajos del campo, que para mí fue perfecto.
Todo cambió con la muerte de su esposo en un accidente de tránsito, lo que hizo que se quedara sola con sus hijos y que empezara a llevar adelante el campo familiar.
Para afrontar esa nueva etapa, convocó al equipo de trabajo y les pidió que la acompañaran, aunque todavía no tuviera claro por dónde empezar. Con el apoyo de los tres trabajadores, fue ganando experiencia y aprendiendo junto a ellos.
Con el tiempo, fue encontrando cada vez más satisfacción en su trabajo y profundizando sus conocimientos a través de la formación continua.
Realizó cursos para ampliar sus conocimientos y seguir creciendo profesionalmente, incluso cuando algunos se preguntaban por qué, siendo ingeniera agrónoma, continuaba capacitándose. Para ella, la respuesta era clara: necesitaba aprender y seguir creciendo.
La oportunidad de proveer a Gucci
Con el tiempo, comenzaron los reconocimientos a su trabajo, como recibir el Premio Morosoli en 2014 por su labor con La Soledad y la certificaciones de Responsible Wool Standard (RWS) y de Nativa Precious Fiber (NPF) que recibieron sus campos de parte de Lanas Trinidad y Chargeurs Luxury Fibers.

El gran hito, sin embargo, llegó con la oportunidad de vender lana fina a la marca de lujo italiana Gucci a través de Lanas Trinidad, la empresa uruguaya a la que La Soledad vende su producción y que se encarga de procesarla para su exportación, principalmente a Europa.
A través de su vínculo con la firma francesa, surgió la propuesta de realizar un video sobre el trabajo que Gabriela lleva adelante en el establecimiento, desde la esquila hasta el enfardado de la lana.
Al tiempo la llaman desde las empresas para confirmarle que Gucci compraría lana fina de Uruguay, lo que incluía al campo de Gabriela como una de las vendedoras de lana.
A su vez, sin saberlo Gabriela, la empresa también había postulado la trayectoria de La Soledad y su historia personal al Premio Acción Climática en los Sustainable Fashion Awards 2022, que se celebra anualmente en Milán. La empresa le avisó un tiempo después que había ganado el premio.
Así Gabriela Bordabehere viaja a Milán y recibe el premio en el escenario junto a Marco Bizzarri, quien era en ese momento el presidente y director ejecutivo de la marca de lujo. Al recordar la entrega, la ingeniera agrónoma destaca que el reconocimiento no fue para ella, sino para Uruguay:
Una de las empresas que más factura en el mundo de la moda puso su mirada en una historia de vida sencilla, pero llena de valores como la resiliencia, la capacidad de formar equipos de trabajo y la pasión por lo que uno hace.
También hizo énfasis en los equipos humanos con los trabaja en el día a día: "Hay que formar buenos equipos humanos. Yo trabajo junto a personas con las que terminamos formando una familia".
La mirada de Gabriela Bordabehere
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¿Cuáles características de la lana uruguaya vos pensás que despertaron el interés de la industria internacional de la moda como Gucci?
La calidad, sin duda. No solo por la finura, sino también por el buen rendimiento al lavado y la poca cantidad de material vegetal que tienen las lanas uruguayas. Eso es algo para destacar, al igual que el bajo porcentaje de pinturas. Pero, sobre todo, lo que las distingue es el bajo contenido de materia vegetal.
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¿Y cómo está posicionado Uruguay al resto del mundo con el tema de las prácticas sustentables y regenerativas en la moda?
Es una pregunta difícil de contestarte. Lo que te puedo decir es que acá le estamos dando una importancia realmente grande al tema de la sustentabilidad. No solo por el tema de la lana, sino en lo que es el todo en el establecimiento.
Ser un establecimiento sustentable, tener normas de bienestar animal para los animales, el cuidado de la tierra, la biodiversidad, el cuidado de nuestra gente, eso es la sustentabilidad. Yo siempre fui sustentable en el trabajo, pero en realidad ahora el término está muy usado: todo es sustentable, pero hay que ser auténticamente sustentable. Se dice con mucha facilidad el término, pero hay que ser auténticos porque cuando lo sos hay un cambio real en los valores mundiales, hay un cambio en la calidad de vida general de la humanidad.
Creo que hay una tendencia a cambiar el mundo cuando la mirada está puesta en estos valores y no solamente en vender. Cuando la sustentabilidad se incorpora de forma auténtica, hay una tendencia a cambiar el mundo. -
Teniendo en cuenta que alcanzaste el hito de proveer lana para una marca de lujo como Gucci, ¿qué objetivos te gustaría alcanzar con La Soledad en los próximos 10 años?
Lo primero es que sea un lugar de encuentro, alegría y disfrute familiar. También que sea un lugar donde podamos transmitir valores a la próxima generación. Si yo logro eso, bingo.
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