El cortometraje aborda la historia de una mujer que transita un embarazo no deseado, atravesada por emociones como la duda, la preocupación, la esperanza y la alegría, hasta tomar la decisión de continuarlo.
La pieza fue concebida con el objetivo de concientizar y visibilizar sobre la existencia de espacios de acompañamiento y apoyo a mujeres embarazadas, como el Centro de Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodih) y el Centro de Ayuda a la Mujer (CAM). A su vez, desde hace dos años Milagros ayuda en el segundo centro, lo que la inspiró a tratar este tema en su corto:
No se conoce mucho sobre estas organizaciones y pasa que una mujer en situación vulnerable se entere de que está embarazada y, aunque quiera tener a su hijo, sienta que no tiene otra alternativa por miedo, por temas económicos o porque está sola. Desde ese lugar, capaz termina creyendo que la única solución que tiene, aun queriendo continuar con el embarazo, es interrumpiéndolo.
El proceso creativo detrás de la animación
La estética del corto se caracterizó por su diseño minimalista y abstracto, cuyas figuras geométricas, cuando aparecían en la animación, representan problemas complejos de la vida para que cada persona que mirara pudiera interpretarlo de distintas maneras, pero que a la vez se transmita sin tener que explicar:
Hay un momento del corto en el que a ella se le empiezan a caer unas figuras —como un círculo, un cuadrado, un cubo— y trata de agarrarlas, pero se le siguen cayendo. La idea era que pudieran representar muchas cosas: la familia, el trabajo, la vida en general… ese hacer malabares con todo y, aun así, que a veces se te caiga.
A nivel artístico, el proyecto adopta un estilo de dibujo y animación 2D, combinado con recursos de motion graphics. Los personajes se caracterizan por tener brazos largos y cabezas pequeñas, lo que refuerza su identidad visual.

El personaje principal, al igual que otros que aparecen brevemente, no posee rostro ni nombre. Esta decisión busca poner en evidencia la problemática de los embarazos no deseados como una realidad universal, que atraviesa a personas en distintos contextos en todo el mundo.
En cuanto a la paleta cromática, se optó por una selección reducida de tonos azules, violetas y blancos, complementados por colores planos como el naranja. Los fondos se resolvieron mediante el uso de degradados.
Hacia el final del cortometraje, la propuesta visual se aleja del mundo abstracto inicial y evoluciona en su tratamiento del color. Mientras que al comienzo predominan tonos opacos y desaturados —y en la sección intermedia se mantiene una paleta más uniforme dentro del universo abstracto—, el cierre incorpora colores más intensos, con presencia de vida, lo cálido y de elementos naturales.
Este cambio refuerza una sensación de mayor luminosidad y simboliza la aparición de la alegría.
El rol de la música
Cada detalle del cortometraje fue cuidadosamente pensado para aportar a la propuesta, incluida la música, compuesta por Juan Francisco Medina, graduado de la Tecnicatura en Productor Musical de la Facultad de Comunicación, cuya relevancia se potencia especialmente al considerar que no hay diálogo entre los personajes.
Si uno se pone a escuchar la música, se llega a notar que cada parte logra las subidas y bajadas esas como de ánimo, que acompañan a los cambios de ánimo dentro del corto.

